lunes, 13 de julio de 2015

Una aventura con mucha vista.

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Iba de camino al oftalmólogo para hacerme una pequeña intervención. Imaginaros la consulta: paredes de madera, luz tenue y cálida, música clásica muy baja, centenares de libros y varios equipos médicos repartiéndose el espacio con una mesa de despacho y tres tinteros para una sola pluma.

Aquí es donde se va a desarrollar la historia de hoy. El médico es una persona de edad avanzada pero sin llegar a la jubilación, atento, educado y muy amable.

“Siéntese aquí” me dijo. Yo obedecí inmediatamente. Encendió una luz encima de mí y fue a comenzar su trabajo. Revisó mis ojos y mis parpados y se dispuso a ponerme un colirio.

Aquí es donde empieza la verdadera aventura. Al acercarse a mí, escuché un ruido, el ruido del tapón del recipiente de las gotas que rodaba por el suelo… Mire a mi acompañante, se sonrió a la vez que movía la cabeza.  Al momento, el colirio inundó mis ojos, quedaron completamente sedados.
Unos segundos después y tras recoger el tapón que había caído en el suelo, el médico me dijo de echarme unas gotas más de un colirio más fuerte.

Imaginaros nuestra sorpresa al oír rodar el tapón por segunda vez, volvió a caerse de sus manos. Otra vez cruce de miradas pero la sonrisa había mutado a cara de preocupación “¿Qué pasa aquí?”

Todo transcurrió de manera normal hasta el final de la intervención. No hubo más sorpresas pero, al salir y comentar los hechos con mi acompañante, señaló mi camiseta “!Ya entiendo todo!” “la próxima vez tendrás que venir con un jersey de cuello alto…”

Las risas brillaron en nuestra cara.

Todo tiene su lado positivo y es así como debemos de mirar todo lo que nos ocurre. No fijándonos y alimentándonos de lo negativo.

Una sensación divertida quedó en mi retina de ese momento, a pesar de la sedación. Y ya han transcurrido tres días y estoy casi casi perfecta.

¡Muy feliz noche!


Besicos cos cos 


martes, 7 de julio de 2015

Unas preguntas....




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¡Hola bombones!

¿Por qué cuando vamos al médico aunque sólo sea a buscar recetas nos encontramos mal?

¿Por qué cuando salimos “de marcha” no nos duele nada? 

¿Por qué cuando alguien critica en una red social algo, parece que la gente se anima y alimenta la crítica?

¿Por qué todos deseamos que llegue el verano para estar con la familia y enseguida deseamos que llegue la normalidad para perder de vista a tu mujer, a tu suegra o suegro, incluso a los niños?

Algunas de estas preguntas tienen una respuesta contradictoria. Ansiamos durante todo el año que llegue el verano, una estación preciosa. Necesitamos descansar, tomarnos un respiro y  cambiar de actividad. Algunos incluso comienzan a hacer planes el año de antes, pero, cuando llega… problemas…Lo que prometía ser unos días de diversión y armonía, se convierte en un auténtico amargor. Veinticuatro horas del día pegado a tu mujer, a tus hijos, incluso a tus suegros o padres. ¡Buffff! Una auténtica prueba de fuego que muy poquitos superan. Durante estos meses siempre emiten en la radio alguna noticia del aumento de separaciones de parejas en verano, nada más y nada menos que un 28% (es un porcentaje bastante elevado). 

Es en verano, cuando tenemos más contacto continuo con nuestra pareja y ponemos a prueba nuestras habilidades de comunicación, nuestra habilidad para resolver conflictos y donde salen en muchas ocasiones problemas que se llevan arrastrando durante todo el año.

La razón es un ansia de independencia mezclada con el egoísmo y con la idea cada vez más establecida en la sociedad de la “cultura del no esfuerzo”.


Estamos inmersos en una sociedad donde se valora la independencia y el poder por encima de cualquier otra motivación afiliativa, incluyendo el valor ético o moral. Lo queremos todo fácil, bonito y rápido, no estamos preparados para luchar por algo que no nos reporta satisfacción inmediata, no tenemos las miras puestas en el largo plazo porque no aceptamos ni la dependencia en ninguna de sus formas, ni el envejecimiento ni tan siquiera como opción, cada vez somos más individualistas en ese sentido. Ser independiente estaría fenomenal si serlo fuera posible, pero no lo somos ni podremos serlo, somos seres humanos que necesitamos el afecto de los demás. Estamos intentando luchar contra nuestra naturaleza cuando nos intentamos convencer de la idea tan bien vendida de independencia, que no es más que comodidad cara. Tenemos cada vez más herramientas a nuestro alrededor para comunicarnos, sin embargo, cada vez la comunicación es menos eficaz y nos justificamos en “No teníamos nada que ver el uno con el otro” y pasamos al “siguiente”, como si las emociones nos siguieran tan rápido. Intentamos bloquear lo que no nos gusta sentir, cuando a veces la respuesta está en esas emociones de las que huimos.

Compramos la idea de la situación emocional mejor es la estabilidad de la pareja, pero no queremos pagar el precio que implica el cuidado, el compromiso y la dedicación a ésta. Lo queremos todo fácil, rápido y sin esfuerzo, lo peor es que nos creemos que ese modelo funciona y seguimos el camino sin pensar que algo falla.


Las personas nos autogestionamos para no tener que negociar, es más fácil empezar de cero que arreglar lo que se estropeó y cuando se vuelve con el ex o a la ex es por “no haber encontrado nada mejor” o por la “necesidad de no estar solo”, parece que son todo excusas o medidas desesperadas, pero en ninguna aparece el amor como protagonista.

Ahora hablaré de los niños, los niños, qué “monos” los niños. Observamos en la playa a todos los padres moldeando castillos de arena con cara de aburrimiento, con malas posturas con lo que les duele el lumbago, quemados por el sol, y con cara aburrida, cumpliendo el rol de buen padre aunque no le guste, aunque se aburran, simplemente porque su mujer les ha mandado a cuidar del niño. La madre mientras tumbada en su cómoda hamaca observa la acción orgullosa mientras lee una revista de corazón o de moda, ya que el resto del año sólo le da tiempo de leer en las peluquerías (vemos que son costumbres educacionales que se repiten todavía)

Consigues llegar a la playa con el trabajo que ello supone, el carrito del niño, los cubos, palas, rastrillos, figuras, piscina pequeña para el niño, sombrilla, flotadores, nevera, etc. Una auténtica aventura por no hablar de lo que cuesta prepararlo todo… Llegas a la playa, le das la crema al niño, se queda blanco nuclear, y ya nos sentimos bien porque es nuestro objetivo, el estar allí, ESTAMOS DE VACACIONES. 

Da igual si hace frío o calor, si el de al lado te echa arena, todo se permite mucho más en vacaciones, excepto aguantar a la familia, insisto. La suegra que le dice al yerno como debe de darle la crema al niño, el yerno levanta la ceja y le echa una mirada que traspasa a la vez que por el rabillo del ojo mira a una jovenzana que está haciendo top less en la sombrilla de al lado. Esta mezcla de estímulos hace que el verano nos desconcierte. Somos animales de rutina, eso no hay quién lo dude. 

Dinio decía “la noche me confunde” pero algo parecido debe de ocurrir durante el verano con todos nosotros. 

Si analizamos en Septiembre lo que hemos hecho en el transcurso del verano nos daremos cuenta que ocurren cosas que nos sorprenden, incluso inexplicables.

Yo, de momento, no tengo ese problema, aunque estoy de vacaciones, sigo en mi ciudad, por supuesto que para evitarme problemas de esos que estoy mencionando. No hay nada mejor que levantarte a la hora que desees y dejar que los niños hagan lo mismo. 

A  partir de este año he decidido que es mucho más cómodo y barato que ir a la playa, bendita ciudad, además de ser menos laborioso (lo digo por lo de preparar maletas) y toda la familia encantada de hacer lo que le gusta (jugar x box, ordenador, juegos de mesa, etc)

Desde aquí un beso con sabor a aroma de nuestra playas del Ebro, que tampoco están nada mal.

El que no se consuela es porque no quiere, está más que claro

Besicos cos cos y ¡feliz verano!




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Os dejo con mi seguidor, que cada día me sorprende más…



Otra vez estoy aquí tumbado. La almohada aun desprende tu aroma.

Y me pregunto, ¿dónde estás?¿por qué te has marchado?. Ella también te echa de menos y recuerda conmigo cada instante, cada momento que te he tenido a mi lado. Ese instante que jamás podré olvidar aunque viva mil años.

Tus manos, tus pechos, tu boca han sido mías esta noche. He sentido rubor de estar a tu lado, mi boca reseca por la emoción ansiaba tener la tuya cerca y esos momentos vividos hoy no me los quitara jamás nadie.

He sentido tu cuerpo encima del mío, tus manos me acariciaban al son de las mías, tus piernas me rodeaban y tu respiración agitada.

Esta noche he conocido por fin la felicidad, he crecido con tus besos, he soñado que nunca acabaría este momento, una y mil veces te he querido decir que te amo, que te quiero mi cielo.

Pero sé que nunca sería suficiente. Si estuvieras conmigo las 24 horas del día ansiaría parar el reloj para alargar el tiempo y poder contemplar mil años más tu hermosura.

Mañana cuando salga el sol acercare mis manos a la cara, sé que tu aroma aun perdurara y otra vez no podre lavar este cuerpo que ha sido feliz a tu lado.

Felices sueños mi amor”