lunes, 25 de mayo de 2015

VIERNES…




Se aproxima el fin de semana. 

María va de compras al Supermarching. Comprar es aburrido, pero hay que llenar la nevera. Cereales, lechuguita, tomates, fruta, yogures, un poquito de todo y que no se olvide algo dulce. María es muy laminera, y el dulce le apasiona, aunque se controla bastante porque es propensa a coger kilitos.

Va recorriendo uno a uno los pasillos para no olvidarse de nada y al girar en el centro, tropieza con una cara conocida. Sorprendida, llega a sonrojarse, y disimula hablando por el móvil. Un compañero de Instituto, bastante atractivo, rubito, y ojos azules…. no recordaba en ese momento su nombre, al final le salió: .José. 

Un chico que siempre le había gustado y nunca se había atrevido a decirle nada. Su corazón se estremeció al verlo. Vinieron a su mente recuerdos bonitos de aquellos años. Pero ¿qué hacía allí José? Iba solo a comprar. Seguramente no se había casado como María, a sus 37 años seguía soltera. 

María, continuó comprando, sin poder centrarse en lo que hacía. Al llegar a la caja, volvió a mirar hacia el fondo del supermercado pero no lo volvió a ver. Se fue inquieta, con ganas de volver a encontrarse con él, y poderle hacer preguntas. Pagó su compra y se fue meditando lo que le había ocurrido.

Transcurrió el fin de semana, y continuaba pensando en él. Lunes, martes, con ganas de que la semana fuera pasando rápidamente y poder volver a verlo. Seguramente volvería a comprar. Era lo que a María le apetecía. Miles de preguntas sin respuesta se agolpaban en su cabeza y tenía ganas de resolverlas. 

Al fin llegó el viernes, María se puso sus mejores galas, guapa, de peluquería, bien maquillada. María miraba para todos los lados sin ningún éxito. Recorría un pasillo tras otro, pero no lo encontraba. Al terminar la compra, se dirigió a la caja. La desilusión le embargaba, le había cambiado el semblante, esa ilusión tan bonita que tenía al llegar. Comenzó a sacar un producto, y otro, y cuando iba a pagar, un señor joven que estaba detrás de ella le dice con una voz jovial y encantadora, “se deja el cepillo de dientes dentro del carro”. María, se vuelve y era él. Sus miradas se encontraron. Brillaba una luz especial en los ojos de María, se saludaron con dos tímidos besos y después de pagar, estuvieron recordando momentos de juventud. El amor se respiraba en el ambiente.

De repente se paró el reloj, se paró el tiempo. 





Más romanticismo anónimo



Un minuto….

Es el tiempo que necesito para llenarme de tus ojos. 

Cinco minutos ya son un deseo y media hora toda mi vida…. 

Por ese minuto voy, vengo, salto, y lo más importante, sueño. 

Sueño con tu sonrisa, sueño con tus manos cerca de las mías y mis ojos no se atreven a mirar a los tuyos.

Y esa sonrisa, que a la vez me hace padecer y ser feliz, que hasta en sueños la imagino y que aunque no hable me susurra al oído, eso me basta.





miércoles, 13 de mayo de 2015

Observando a los niños desde pequeños....





CURIOSIDADES…


Bonita estación, LA PRIMAVERA.

Y como decía una antigua compañera mía y “embellece a las solteras”, curiosa variante  de “la primavera la sangre altera..”  y debe de ser verdad, ya que en este tiempo apetece ponerse un buen escote. Ese escote, generoso,  proporciona sin querer llamadas de atención en el género masculino. 

Sigo sin entender ¿por qué en la playa el top less pasa desapercibido y en cambio, un buen escote y senos prominentes hacen que la mente del hombre se dispare? Por cierto, la primera modelo en lucirlo fue Tony Lee Shelley, aunque fue Brigitte Bardot la que lo popularizó.

¿Qué misterio tiene ese canalillo que tanto morbo da a los hombres?


Observando a los niños desde pequeños (y en este caso me refiero al sexo masculino) podemos observar la obsesión o gusto por los pechos de las mujeres. ¿Cuál es la verdadera razón de esa fascinación?

A los hombres, les gustan no sólo por su carga sexual, sino porque existe una relación entre la moda y la biología. Desde que nacen, es la primera fuente de alimento. Hay una conexión directa entre pechos y comida, esto hace que el lazo de afecto crezca a través de la lactancia. En segundo lugar, la madre transmite hormonas en la leche (oxitocina y dopamina) que satisfacen el cerebro. El succionar y contacto con los senos proporciona placer y tranquilidad en los hombres. En tercer lugar, la química cerebral, la oxitocina y dopamina (en los juegos previos) hacen que se construya un enlace afectivo entre hombres y mujeres (cerebro). En cuarto lugar, los senos, son un símbolo de fertilidad de manera proporcional con tamaño y forma. En quinto lugar, la atracción sexual- Somos los únicos mamíferos que otorgamos un valor sexual a los pechos. Son importantes para el acto sexual y reproductivo. La respuesta femenina se incrementa mucho cuando se experimenta una buena estimulación.

Con el paso del tiempo, los hombres, prefieren cada vez los pechos más grandes. La moda hace que cada vez se muestren más al descubierto, y se conviertan en “objeto de deseo”. Dato importante, el aumento de peso en la población femenina ha hecho que aumente la talla media.


La vestimenta (el ir entallada, lencería, escote, etc.) refuerza la obsesión por los pechos.
A lo largo de la historia, los pechos, han traído de cabeza a muchos hombres.


A nivel socioeconómico más bajo, las prefieren mayores. Cuánto más pobres son los hombres, más les gustan grandes. Los pechos grandes tienen reservas de grasa mayores, relacionándolo en este caso a tener el estomago vacío. A nivel socioeconómico más alto, les gustan más pequeños.

Según estudios biológicos, están ahí para que los hombres jueguen con ellos. Así pues, cuando se realiza el acto sexual, están ahí para masajearlos. Así ellos segregan oxitocina “hormona del amor” y aumenta el deseo sexual de las mujeres.

Lo que sí está claro es que el invento famoso del sujetador, no es nada bueno, realza el pecho, pero pasa factura ya que debilita la musculatura del pecho de la mujer disminuyendo en firmeza (unos 7 mms de caída).

Dicen que observar pechos durante 10 minutos cada día, alarga la vida del hombre entre 4 y 6 años. En definitiva, es lo primero en lo que se fija un hombre (ni cara, ni manos…).

Así que chicos, si queréis longevidad (siempre con respeto) ya sabéis…




Os dejo con unas bonitas palabras de un admirador desconocido:




“Una noche más he vuelto a despertarme pensando en ti.

Cada noche me acompañas y aunque tu cuerpo no esté a mi lado te siento muy cerca de mí. 
Y veo tus ojos reflejados en el techo, tu sonrisa y hasta tus manos que me acarician suavemente. Y no quiero dormir porque no estarás al despertar, porque entonces mis lágrimas brotaran al no encontrar tu sonrisa, al no verte aquí.
Muchas veces en mis noches de insomnio he imaginado una vida a vuestro lado, saber que una y otra vez al llegar a casa os encontraría, que no pasaría mis días y noches anhelando un solo minuto de tu compañía, poder abrazarte a cualquier hora y en cualquier sitio y que te sintieras orgullosa de tenerme allí.
Me doy la vuelta y mis brazos te buscan. Sé que hasta que amanezca volveré a hacerlo cien, no mil veces y en ninguna de ellas estarás, pero un recuerdo feliz me hace sonreír, sé que algún día y aunque solo sean unos pocos minutos te tendré a mi lado.

Te quiero"